lunes, 23 de abril de 2012

Falsa memoria

Creí recordar que la otra noche preguntaste
cuál es el perfume que uso...
te murmuré la respuesta, mas
no fuiste tú quien preguntó.

domingo, 22 de abril de 2012

I'm out

Y dime tú: ¿a qué le tienes miedo?
Déjame actuar como si me importara
tan osado tú, todo un caballero,
completas ésta farsa vulgar
con las promesas fantásticas 
que ya no creo
no porque me falten ganas,
sino por tu nula credibilidad.
Me pregunto si ella también sabe lo que yo
o si es acaso más ingenua:
¿cual de las dos, si ella o yo
sará la que tú quieras? 
O si esto es simplemente 
alguna otra de tus estrategias
para solventar tu patética inseguridad.
Y dime tú: ¿por qué estamos en esto?
O mejor no me digas nada. 
Podrás a veces ser útil en la cama,
pero nada de palabras
que ninguna te la creo ya.



sábado, 21 de abril de 2012

Bailando lambada


Un paso adelante, uno atrás… unos cuantos giros del destino, mucho contacto corpóreo, y va de nuevo otra vez… Resulta más que paradójico el hecho de que éste baile me recuerde la “relación” que tenemos –lo llamo así en el sentido literal de la palabra: “trato, comunicación de una persona con otra”-  ya que hace varios meses que no nos hemos dado el gusto de bailar juntos. No puedo jactarme de mis –pobres- habilidades como bailarina… quizá ése sea el problema: que no sé llevarle el paso, él se mueve en forma y ritmo algo distinto a lo que mis movimientos anticipan, y terminamos dándonos de pisotones o codazos emocionales, claro, cada vez sin intención de daño, pero que por algún motivo han resultado extrañamente traumáticos para su alborotada psique. 

A veces siento que hemos dado un paso adelante, me encuentro feliz y llego a creer que estamos por fin avanzando, pero luego resulta que no: sin yo notarlo, él me guía con un paso hacia atrás, un rápido giro, y volvemos a quedar en donde mismo.

Pudiera deducirse que el problema soy yo, tan acostumbrada a los galanteos que me he vuelto insensible, frívola y descarada; pero no es así.  Sin falsas pretensiones, me parece justo afirmar que  me gusta la equidad, y en las personas con quienes entablo algún tipo de relación, busco la misma característica. Aunque no es posible estar el 100% del tiempo disponible para nadie, me llenan de satisfacción los mensajes contestados, las llamadas periódicas. Qué importa que pasen horas o hasta un par de días desde que se recibió, siempre continuar la danza con un paso más, procurando seguir el ritmo; como en toda coreografía, habrá sus errores, pero eso no es lo importante.

La lambada es divertida mientras que la pareja quiera seguir bailando… pero creo que yo con él, ya me estoy cansando. Lo maduro sería reconocer que estamos en éste baile de dos, y si las cosas están así, es por culpa de los dos; en vez de dejarme llevar por sus irregulares movimientos y seguir bailando.

Quizá secretamente él prefiere bailar a ritmo de otro son, dar algunos cuantos pasos alegremente y después  soltarme un poco, porque “apretao no se baila cumbia”. Que yo lo siga, posando suavemente mi mano en la suya y moviendo ambos pies, para después dar un giro y caer de nuevo en sus brazos, y así una y otra vez… No. Resultaría demasiado conveniente para él.

O pueda ser que se asustó al entrever en mi escenografía de cuento que a mí me gusta bailar un vals, tan tranquila y coordinada, siguiéndonos los pasos mutuamente con sumo cuidado, pero muy cercanos nuestros latidos y respiración, respetando elegantemente siempre cada espacio… No. Eso suena demasiado utópico.

Y sin importar la música que sea y la coreografía que iniciemos, volvemos fatalistas a nuestra habitual danza, y terminamos bailando como ya es costumbre, lambada. Intermitentes y de mal gusto. Y yo cansada y fastidiada por el calor, cada vez le encuentro menos cuadratura a esto y me están dando ganas de dejar la pista… Pudiera mejor  decidirme a cambiar de música y botarlo a él y a todos los demás. Subir a la tarima, modelar apoyándome en las barras y después trepar muy alto y con gracia bajar despacito e inventarme nuevos pasos… Si. Eso no sería tan malo; al fin y al cabo, en el tubo se baila sola.

jueves, 19 de abril de 2012

Etérea

En palabras me diluyo
en brisa de pequeños pétalos blancos.
Lejana, extiendo mis brazos desde el horizonte
color amanecer
y abrazo mi existencia....

lunes, 16 de abril de 2012

vampir


En notas ausentes tu nombre
gime, grita con el viento
duerme las caricias que yo esperaba
y que tú no me darás.
Duerme, vive y sueña conmigo
yo contigo soñaré
aunque en la penumbra me pierda.
Sueña, vive, duerme conmigo
yo contigo estaré
aunque tenga que dejar el mundo de los vivos.

domingo, 15 de abril de 2012

Dulce Canción


Con oscuras ojeras despedimos la noche entre las cuatro paredes grises de ese pequeño universo nuestro. Como cada semana, nos reuníamos en un cuartito en el centro de la ciudad, segundo piso de una bodega, que él rentaba y había habilitado como estudio musical para poder tocar sin molestar a nadie.

Es un lugar insignificante entre el ruido y la prisa de la ciudad; un oasis de calma con sus paredes en un tono apagado y su pobre iluminación, su viejo piso de linóleo y una única ventana de apenas un metro cuadrado, que en las sofocantes noches de verano solíamos abrir. A penas cabe una cama matrimonial, justo en el centro de la pieza. Pegado a la pared izquierda se encuentra un sencillo mueble que sirve a la vez como librero y armario, para el cambio de ropa y el abrigo que guardamos ahí; y una pijama que nunca se usa. En la pared opuesta a la ventana, hay colgadas un par de guitarras acústicas, una eléctrica al pie de la cama, elegantemente erguida en su soporte. Un amplificador, aparato de sonido y bocinas, a la derecha de la cama. Sólo eso, y un baño.

La guitarra y yo, somos sus vicios. Y junto con él, no hay trío más alegre. Antes de su llegada, yo veía mi vida en escala de grises. Todas las mañanas me miraba pasar caminando frente a su consultorio, cuando era la hora de abrir. Yo iba de prisa, al trabajo; contestaba su saludo sin detenerme. Hasta que un buen día me estaba esperando, sin hacer el menor movimiento de abrir los candados y me dijo:
“No sé a dónde vas, pero si tú no te detienes, yo camino contigo, para poder conocerte. ¿Qué te parece?”
Mi cara hizo un gesto de sorpresa y  contesté “pues… bueno” sin detener mi marcha.

Esa misma noche me llamó “solo para desearme buenas noches”. Hacía mucho que nadie me deseaba buenas noches; un detalle insignificante, pero sin duda muy bello… y me dormí pensando en él.
Así fue que comenzó un intercambio casual de mensajes simples pero sinceros; sin prisa, sin palabras dulces… Nos contestábamos a veces de inmediato, a veces horas después, pero siempre venía una palabra o frase de vuelta para aligerar el ocasional mal humor.

Cuando finalmente decidimos salir por una cerveza, fue lo más natural darnos besos en la mejilla y un prolongado abrazo. No hubo necesidad de silencios incómodos, o siquiera de iniciar la plática, sólo retomamos el tema de los últimos mensajes. Concluidas la charla de actualización y la primera ronda, nos quedamos mirando a los ojos, como unidas las miradas con un hilo invisible, y las manos sujetas a una misteriosa atracción… las yemas de los dedos acercándose, cada vez más cerca, hasta tocarse. Espontáneas sonrisas surgieron en nuestros labios. Y me tomó de la mano, diciendo: “¿Te gustaría que fuéramos a otro lugar para estar solos?” No dije nada, tan solo tomé su mano y lo seguí, esta vez era mi turno de hacerlo, así como aquella vez él lo hizo por mí. Y llegamos a ese pedacito de cielo al que llamamos “el cuartito”.

Me soltó la mano justo al llegar al zaguán, ni un minuto antes. Yo lo miraba con una mezcla de excitación, ternura y todo el deseo que calladamente se esconde tras de una sonrisa.

Sacó apresurado sus llaves; no encontraba la correcta, se ponía nervioso, y solamente dijo “disculpa, ya casi abro”. Pero después de varios minutos en los que la chapa no cedía y su ansiedad crecía, no pude más que reírme y comenzar a acariciarle,  mientras que recargaba suavemente mi pecho junto al suyo y lo besé. Después de un instante sorprendido, respondió a mi beso con suaves caricias de sus labios, tocando a penas mi cabello con sus dedos, absorbiendo delicadamente mi boca y mi saliva, tan cuidadoso pero cálido y apasionado.

Terminó el beso y encontró la llave. Pudimos al fin entrar al pasillo y escalera que conducen al pequeño departamento. Y me abrazó con dos brazos delgados y calientitos que ceñían mis curvas, reconfortantes, y su aroma único, haciéndome sentir muy feliz y segura; y así abrazados dimos algunos pasitos hasta llegar a la cama, que parecía ya estarnos esperando.

Éramos tibieza irresistible. Uno entre millones, algo que no podíamos dejar ir; con solo una mano él comenzó a desabotonar mi blusa y su pantalón. Otra vez envuelta en mi risita de ternura, me dispuse a ayudarle a quitar esas estúpidas prendas que se interponían entre el abrazo de su piel y mi piel, ese dulce sabor de su boca y su intoxicante aroma. Nos seguíamos besando, él bajaba despacito con besos juguetones desde mi mejilla, boca, barbilla, cuello, hasta mis hombros desnudos. Yo sentí su toque suave y cariñoso, y su voz preguntando muy bajito: “¿Te gusta así?”. Le  respondía con suspiros y miradas, las yemas de mis dedos otra vez lo buscaban, absorbiendo la textura firme y tersa de su cuerpo, los músculos de su espalda, sus costillas adheridas a las mías en perfectos movimientos que suavemente  nos mecían, eliminaban espacios, compartiendo latidos…

Al final quedamos exhaustos enredados entre la sábana, separados solamente por la fina capa de sudor de nuestros cuerpos, respirando ávidamente el aire que ahora tenía un nuevo fresco perfume; sonrisas de complicidad en nuestros rostros.

Hoy hace exactamente una semana desde nuestro último encuentro. Así que, termino de ponerme éste pendiente, y me voy. Me voy al cuartito, a ése pedacito de cielo oculto entre la jungla urbana, que siempre espera por nuestros suspiros y la voz de la guitarra, una dulce canción.


viernes, 13 de abril de 2012

so that´s why I´m a bitch

Y pensar que estaba dispuesta a entregarte la eternidad de mi alma,
cuando lo único que querías era algunas horas de mi cuerpo...