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martes, 3 de julio de 2012

¿Qué nos queda?

Desvirtuaste tanto el amor, que ha quedado reducido a ser un juego de poder. Donde te sabes poderoso, no  puedes amar; dónde te sientes vulnerable, no te atreves... entonces ¿qué te queda?

lunes, 11 de junio de 2012

Definiciones primarias


Las cajas de herramientas, grandes y pesadas
Con muchas pequeñas secciones para organizar
clavos, empaques, tuercas, tornillos, pasta para  soldar,
cinta de aislar, baterías, aceite, resistencias, y voltímetro.

La Honda CBR 1000; y la gran troca blanca para poderla cargar.
Los libros: enciclopedias en español y en inglés, colección de novelas, Atlas de animales y de geografía, diccionario de especialidades, el manual Merck, el manual de farmacología, de patología, de anatomía, de histología… muchos libros.

Las cajas de herramientas con su característico color rojo brillante,
con todo y sus rueditas, tan altas como yo pero mucho más anchas y pesadas, de muchos niveles y cajones rellenas también con guantes de látex, gasas, pinzas, tijeras, tripas de gato e hilo de sutura de colores con su agujita curva,  el fonendoscopio, el tensiómetro los antipiréticos y el dichoso martillito para revisar los reflejos (cuyo nombre nunca aprendí).

Las noches bajo las estrellas. Las pláticas, los cuentos. El sillón en el que me quedaba dormida y la sorprendente sensación de dirigirme hasta mi cama sin caminar, gracias a unos brazos dúctiles y fuertes que me llevaban. Tan alta. Como cuando me sentaba en sus hombros y se veía el mundo desde un ángulo no apto para los que temen a las alturas. Y había que agacharse para atravesar las puertas, con mucho cuidado, para no caerse. La fe en Dios. La desconfianza en la iglesia. La esperanza en la bondad humana y el valor del altruismo.

Las cariñosas invitaciones a sentarme en sus piernas. La espalda ancha. Los ojos dorados, cristalinos. Las manos grandes, casi tan grandes como la vieja tortuga del vecino... pero siempre cálidas y delicadas, aunque fuese un dedo de los suyos como tres de los míos y su anillo –con el que me gustaba jugar- siempre me quedara enorme, y que sorprendentemente poseían la destreza necesaria para hacer los arreglos más minuciosos con piecitas muy pequeñas, y la capacidad de hacerlo todo funcionar.

Esos eran los elementos característicos de un hombre según mis definiciones primarias del término. Quizá en el fondo lo siguen siendo. Esas cosas como que no se olvidan

domingo, 27 de mayo de 2012

bella y loca

...Y entonces ella llegó a la cocina. Antes de entrar, como si se tratara del más sagrado templo, se despojó de sus zapatos; y a ellos le siguió la blusa y el pantalón. -Prefiero cocinar así- explicaba, al tiempo que tomaba una sartén del gabinete. -Vamos a ver qué tienes de bueno...- Decía, abriendo el refrigerador. Sacó una cartera de carne roja, un par de papas, una cebolla, procediendo a pedir un cuchillo para rebanar los ingredientes.
Con un simple ademán (para no hacerla perder la concentración) él le indicó al cajón. Miraba atento su sinuosa silueta femenina, la pícara sonrisa en su boca, y pensaba para sí: en vez de llegarle a la cama, se pone a darle  primero a la cocina... y aun así, se desnuda ¡bella y loca!.

viernes, 25 de mayo de 2012

Busco Hombre

Que tenga manos grandes, fuertes, cálidas, ásperas... Lo quiero de ojos grandes y sinceros, rostro amable y expresivo que en los días de huelga comunique lo suficiente, todo lo que no dirán nuestras voces e incluso más allá de las palabras. De cabello suave que, como él mismo, sea un poco rebelde, pero que sucumba a la caricia de mis manos que con cariño lo acomodan, le moldean.  


De voz varonil y sensual con entonación propia y léxico inconfundible con la capacidad de encender mis sueños y deseos con una sola llamada. Que le guste el baile sepa guiarme, tocarme, cargarme y de cuando en cuando simplemente mirar, mirarme bailar para él y sentir esa fascinación equiparable a la de la primera vez. Que sepa mantenerme interesada y satisfecha en todos los sentidos.


Debe ser unos veinte centímetros más alto que yo: no menos, pues me gusta usar tacones. No más, porque no me gusta sentirme pequeña, sólo protegida. Puede ser de cualquier lugar del mundo, cualquier color de piel, hablar cualesquiera idiomas (mínimo dos). Que me adore. Y exijo lealtad a toda prueba.


Acepto sólo propuestas serias cumpliendo todos los requisitos...

martes, 15 de mayo de 2012

Y es por éso que no tengo pareja...

Los dragones vendrán por mi; siempre me encuentran... decía el poema. Yo creí que la gente que me rodeaba era problemática -efectivamente, dos o tres de los más cercanos no se soportaban ni a sí mismos- pero mi vida no es ningún jardín de rosas, ni yo la dulce princesa tranquila y feliz que me creía... 


Cuando al fin decidí que lo mejor era caminar sin ésos lastres, tuve mis momentos de frio y de epifanías. Quise no estar sola, pero al fin comprendí que es complicado. Me he dado cuenta que ser el caballero que me acompañe y luche brazo a brazo junto a mí para defenderme de los dragones, no es cosa fácil. Estoy consciente, ser parte de mi vida es un gran paquete y no cualquiera puede con él. Por éso no he elegido a ninguno. Además de osadía y algunas otras virtudes, el que se anime necesitará de mucha suerte... Y resumido en pocas palabras, me permito citar el formidable verso final del poema de Minerva:


"Hey, Saint George, I need a fucking hero! Or a miracle. Or both"
   

lunes, 14 de mayo de 2012

Magenta


No enmarcaré con mis dedos tu prosa
ni con perlas de mi frente tu tibia boca
ni el mundo que ha dejado de latir…
“Quizá al mirarte me convenzas”
(te hubiera dicho en otro tiempo)
mas ya no viviré tu amor para contarlo.
En translúcidas gasas de olvido, confundido,
adivina lo que quiero, se disfraza y se ofrece
es dulce y delicioso el martirio                      
tan cruel, pero tan bello su engaño.

miércoles, 2 de mayo de 2012

Respuesta Tardía


“Me la paso a toda madre cuando estoy contigo y te me estás antojando un chingo, Daddy”…  Era el último mensaje de texto enviado desde el teléfono móvil de la sirena en cuestión. El último intento de escape surrealista  -fallido, por supuesto- del mundo de glamour forzado en que vivía capitalizando de la lascivia de los parroquianos. Como cada noche, el Dj la anunció; cada uno de los hombres que se congregaban en aquél sórdido recinto le perteneció. Con ademán casi primoroso, le colocaban billetes entre el hilo rosa de su tanga y la suave piel. Pero nadie le daba lo que ella quería: un poco de amor … y nadie contestaba…
“Sobredosis” dijo el M.P.  Se interrumpió el silencio del levantamiento del cuerpo: “suena el celular, la señorita tiene llamada…” Por curiosidad, alguien presionó el botón verde, para escuchar la voz al otro lado de la línea:  “perdona Reina se me hizo tarde, ya voy para allá; no se me enoje”… 

martes, 1 de mayo de 2012

palabras y silencios

Puedo adivinar sus formas, su sentido
El tono y trasfondo de casi toda palabra
Que vanamente me han dicho
¡qué fácil para ellos hablar!
Escucho de su vacuo halago,
 De su burdo deseo
-mas nunca es lo que necesito-
y entre tantas voces
se pierde mi oído
se aburre mi alma
mi psique hastiada los manda a callar.
Yo quiero al hombre que sepa
tomar quizá entre sus manos mi piel
en el horizonte exiguo estallar,
acariciar con sus ojos mi silueta entera
saborear y ahogar mi sed:
que sepa hablar y que sepa callar.



sábado, 28 de abril de 2012

imperceptible


Tú eres de sol
Yo soy de luna
Confeccionada de la noche en que nos conocimos…
Para mi, tú eres todos
Para ti, yo soy ninguna
Como la ráfaga fría que te murmura al oído…

domingo, 22 de abril de 2012

I'm out

Y dime tú: ¿a qué le tienes miedo?
Déjame actuar como si me importara
tan osado tú, todo un caballero,
completas ésta farsa vulgar
con las promesas fantásticas 
que ya no creo
no porque me falten ganas,
sino por tu nula credibilidad.
Me pregunto si ella también sabe lo que yo
o si es acaso más ingenua:
¿cual de las dos, si ella o yo
sará la que tú quieras? 
O si esto es simplemente 
alguna otra de tus estrategias
para solventar tu patética inseguridad.
Y dime tú: ¿por qué estamos en esto?
O mejor no me digas nada. 
Podrás a veces ser útil en la cama,
pero nada de palabras
que ninguna te la creo ya.



sábado, 21 de abril de 2012

Bailando lambada


Un paso adelante, uno atrás… unos cuantos giros del destino, mucho contacto corpóreo, y va de nuevo otra vez… Resulta más que paradójico el hecho de que éste baile me recuerde la “relación” que tenemos –lo llamo así en el sentido literal de la palabra: “trato, comunicación de una persona con otra”-  ya que hace varios meses que no nos hemos dado el gusto de bailar juntos. No puedo jactarme de mis –pobres- habilidades como bailarina… quizá ése sea el problema: que no sé llevarle el paso, él se mueve en forma y ritmo algo distinto a lo que mis movimientos anticipan, y terminamos dándonos de pisotones o codazos emocionales, claro, cada vez sin intención de daño, pero que por algún motivo han resultado extrañamente traumáticos para su alborotada psique. 

A veces siento que hemos dado un paso adelante, me encuentro feliz y llego a creer que estamos por fin avanzando, pero luego resulta que no: sin yo notarlo, él me guía con un paso hacia atrás, un rápido giro, y volvemos a quedar en donde mismo.

Pudiera deducirse que el problema soy yo, tan acostumbrada a los galanteos que me he vuelto insensible, frívola y descarada; pero no es así.  Sin falsas pretensiones, me parece justo afirmar que  me gusta la equidad, y en las personas con quienes entablo algún tipo de relación, busco la misma característica. Aunque no es posible estar el 100% del tiempo disponible para nadie, me llenan de satisfacción los mensajes contestados, las llamadas periódicas. Qué importa que pasen horas o hasta un par de días desde que se recibió, siempre continuar la danza con un paso más, procurando seguir el ritmo; como en toda coreografía, habrá sus errores, pero eso no es lo importante.

La lambada es divertida mientras que la pareja quiera seguir bailando… pero creo que yo con él, ya me estoy cansando. Lo maduro sería reconocer que estamos en éste baile de dos, y si las cosas están así, es por culpa de los dos; en vez de dejarme llevar por sus irregulares movimientos y seguir bailando.

Quizá secretamente él prefiere bailar a ritmo de otro son, dar algunos cuantos pasos alegremente y después  soltarme un poco, porque “apretao no se baila cumbia”. Que yo lo siga, posando suavemente mi mano en la suya y moviendo ambos pies, para después dar un giro y caer de nuevo en sus brazos, y así una y otra vez… No. Resultaría demasiado conveniente para él.

O pueda ser que se asustó al entrever en mi escenografía de cuento que a mí me gusta bailar un vals, tan tranquila y coordinada, siguiéndonos los pasos mutuamente con sumo cuidado, pero muy cercanos nuestros latidos y respiración, respetando elegantemente siempre cada espacio… No. Eso suena demasiado utópico.

Y sin importar la música que sea y la coreografía que iniciemos, volvemos fatalistas a nuestra habitual danza, y terminamos bailando como ya es costumbre, lambada. Intermitentes y de mal gusto. Y yo cansada y fastidiada por el calor, cada vez le encuentro menos cuadratura a esto y me están dando ganas de dejar la pista… Pudiera mejor  decidirme a cambiar de música y botarlo a él y a todos los demás. Subir a la tarima, modelar apoyándome en las barras y después trepar muy alto y con gracia bajar despacito e inventarme nuevos pasos… Si. Eso no sería tan malo; al fin y al cabo, en el tubo se baila sola.

domingo, 15 de abril de 2012

Dulce Canción


Con oscuras ojeras despedimos la noche entre las cuatro paredes grises de ese pequeño universo nuestro. Como cada semana, nos reuníamos en un cuartito en el centro de la ciudad, segundo piso de una bodega, que él rentaba y había habilitado como estudio musical para poder tocar sin molestar a nadie.

Es un lugar insignificante entre el ruido y la prisa de la ciudad; un oasis de calma con sus paredes en un tono apagado y su pobre iluminación, su viejo piso de linóleo y una única ventana de apenas un metro cuadrado, que en las sofocantes noches de verano solíamos abrir. A penas cabe una cama matrimonial, justo en el centro de la pieza. Pegado a la pared izquierda se encuentra un sencillo mueble que sirve a la vez como librero y armario, para el cambio de ropa y el abrigo que guardamos ahí; y una pijama que nunca se usa. En la pared opuesta a la ventana, hay colgadas un par de guitarras acústicas, una eléctrica al pie de la cama, elegantemente erguida en su soporte. Un amplificador, aparato de sonido y bocinas, a la derecha de la cama. Sólo eso, y un baño.

La guitarra y yo, somos sus vicios. Y junto con él, no hay trío más alegre. Antes de su llegada, yo veía mi vida en escala de grises. Todas las mañanas me miraba pasar caminando frente a su consultorio, cuando era la hora de abrir. Yo iba de prisa, al trabajo; contestaba su saludo sin detenerme. Hasta que un buen día me estaba esperando, sin hacer el menor movimiento de abrir los candados y me dijo:
“No sé a dónde vas, pero si tú no te detienes, yo camino contigo, para poder conocerte. ¿Qué te parece?”
Mi cara hizo un gesto de sorpresa y  contesté “pues… bueno” sin detener mi marcha.

Esa misma noche me llamó “solo para desearme buenas noches”. Hacía mucho que nadie me deseaba buenas noches; un detalle insignificante, pero sin duda muy bello… y me dormí pensando en él.
Así fue que comenzó un intercambio casual de mensajes simples pero sinceros; sin prisa, sin palabras dulces… Nos contestábamos a veces de inmediato, a veces horas después, pero siempre venía una palabra o frase de vuelta para aligerar el ocasional mal humor.

Cuando finalmente decidimos salir por una cerveza, fue lo más natural darnos besos en la mejilla y un prolongado abrazo. No hubo necesidad de silencios incómodos, o siquiera de iniciar la plática, sólo retomamos el tema de los últimos mensajes. Concluidas la charla de actualización y la primera ronda, nos quedamos mirando a los ojos, como unidas las miradas con un hilo invisible, y las manos sujetas a una misteriosa atracción… las yemas de los dedos acercándose, cada vez más cerca, hasta tocarse. Espontáneas sonrisas surgieron en nuestros labios. Y me tomó de la mano, diciendo: “¿Te gustaría que fuéramos a otro lugar para estar solos?” No dije nada, tan solo tomé su mano y lo seguí, esta vez era mi turno de hacerlo, así como aquella vez él lo hizo por mí. Y llegamos a ese pedacito de cielo al que llamamos “el cuartito”.

Me soltó la mano justo al llegar al zaguán, ni un minuto antes. Yo lo miraba con una mezcla de excitación, ternura y todo el deseo que calladamente se esconde tras de una sonrisa.

Sacó apresurado sus llaves; no encontraba la correcta, se ponía nervioso, y solamente dijo “disculpa, ya casi abro”. Pero después de varios minutos en los que la chapa no cedía y su ansiedad crecía, no pude más que reírme y comenzar a acariciarle,  mientras que recargaba suavemente mi pecho junto al suyo y lo besé. Después de un instante sorprendido, respondió a mi beso con suaves caricias de sus labios, tocando a penas mi cabello con sus dedos, absorbiendo delicadamente mi boca y mi saliva, tan cuidadoso pero cálido y apasionado.

Terminó el beso y encontró la llave. Pudimos al fin entrar al pasillo y escalera que conducen al pequeño departamento. Y me abrazó con dos brazos delgados y calientitos que ceñían mis curvas, reconfortantes, y su aroma único, haciéndome sentir muy feliz y segura; y así abrazados dimos algunos pasitos hasta llegar a la cama, que parecía ya estarnos esperando.

Éramos tibieza irresistible. Uno entre millones, algo que no podíamos dejar ir; con solo una mano él comenzó a desabotonar mi blusa y su pantalón. Otra vez envuelta en mi risita de ternura, me dispuse a ayudarle a quitar esas estúpidas prendas que se interponían entre el abrazo de su piel y mi piel, ese dulce sabor de su boca y su intoxicante aroma. Nos seguíamos besando, él bajaba despacito con besos juguetones desde mi mejilla, boca, barbilla, cuello, hasta mis hombros desnudos. Yo sentí su toque suave y cariñoso, y su voz preguntando muy bajito: “¿Te gusta así?”. Le  respondía con suspiros y miradas, las yemas de mis dedos otra vez lo buscaban, absorbiendo la textura firme y tersa de su cuerpo, los músculos de su espalda, sus costillas adheridas a las mías en perfectos movimientos que suavemente  nos mecían, eliminaban espacios, compartiendo latidos…

Al final quedamos exhaustos enredados entre la sábana, separados solamente por la fina capa de sudor de nuestros cuerpos, respirando ávidamente el aire que ahora tenía un nuevo fresco perfume; sonrisas de complicidad en nuestros rostros.

Hoy hace exactamente una semana desde nuestro último encuentro. Así que, termino de ponerme éste pendiente, y me voy. Me voy al cuartito, a ése pedacito de cielo oculto entre la jungla urbana, que siempre espera por nuestros suspiros y la voz de la guitarra, una dulce canción.


viernes, 13 de abril de 2012

so that´s why I´m a bitch

Y pensar que estaba dispuesta a entregarte la eternidad de mi alma,
cuando lo único que querías era algunas horas de mi cuerpo...

lunes, 9 de abril de 2012

Creí que me comprendías

Entonces me di cuenta: yo estaba equivocada
no me pudiste descubrir de una sola mirada
en ese tiempo que supuse, quisiste darme
cuando parecía (mas no era cierto) que me hallabas
también lejos de la cama, más allá de lo evidente.
Te sentiste tan real por un momento,
tal vez fue mi mal hábito de conformarme con menos
o mi miopía sentimental, que no me deja progresar...

domingo, 8 de abril de 2012

Cuando quizá sea...



Trato de encontrarme en relatos y poemas, pero siempre sin éxito; ni siquiera cuando éstos vinieron acompañados de un par de brazos tibios, sonrisas y promesas.  Simplemente incapaz de juzgar si he sufrido mucho, o lo suficiente: sólo sé que he sentido, y de manera intensa, el dolor. Así como también la alegría, esa sensación de ser invulnerable,  incorpóreo, de ser sonrisa y latido y que todo lo demás se ha esfumado.  De no estar, sino ser…  junto a la tibia piel que guarda un aroma familiar y memorias de confort. De aquélla que él quiso  que yo fuera, ésa que le creyó quien dijo ser.
Solía pensar en personas.  Pero ello, en general, me ha traído decepción y vacío. Por eso  hoy pienso en acciones y en momentos. Acaricio la posibilidad, pero no sueño. Simplemente toco su cabello y le guío. Espero a que se acerque, mientras doy pasitos circunspectos hacia atrás y le sonrío, tomando de la noche lo que pueda; tal como el ladrón de besos que es el destino. Y por antonomasia, sabemos que el futuro… ya vendrá después.

sábado, 7 de abril de 2012

Obsesiones y Complejos


Aquellos con quienes hubo reciprocidad y se perfilaban como mis grandes amores de la vida
Que hicieron por mí y me orillaron a hacer hasta lo imposible -incluso en más de una ocasión…  Ésos dos o tres en los que llegué a creer… resultaron al final más atraídos a sus neurosis que a mí. Esa ha sido la falla.
Sinsentido competir contra sus grandes egos. Aunque fuese yo perfectamente capaz de lidiar con cada una de sus inseguridades y complejos; aunque las muchas sonrisas que les ofrecen despertarían en cualquier otra los celos; y que mis ojos contemplaban sus manías más divertidos que impacientes.
Si tan sólo hubiesen puesto algo de atención a mis pequeñas obsesiones. O me hubieran dado un poco más de lo que quiero,  en vez de su retórica entretejida de verdades y pretextos. Me pregunto por qué los que me siguieron están más allá de eso. Y con actitudes estúpidas buscaron probar qué tan lejos estaba mi sensibilidad de ser capricho.
Y practicaban la anarquía dejándome a mí todo el poder, sólo para después quejarse y rebelarse imprimiendo velocidad y destino a cada desencuentro. Buscando con violencia derrotar sus miedos.
¿Será acaso, que por mala suerte, es el mismo molde de hombre que me sigue siempre?
¿O seré yo la loca, por no saber amar?

domingo, 1 de abril de 2012

Beso y Sol


Tomé un pedacito de sol
Lo guardé en mi mano para ti
En lo azul, de algodón tu sonrisa,
Cada vez mis dedos tibias.
Regálame ese beso que nunca te robé
En el silencio de la noche,
Lo lírico que brille
Fruta y música… yo bailaré
Tú comerás, escucharás y bailarás conmigo.
Te dedico una puesta de sol;
Tú dedícame un suspiro.
Seré clima y geografía de los lugares
Donde has ido.
Mordí un pedacito de cielo
Lo guardé en mi boca  para ti,
Cada vez mis labios tibias.

viernes, 30 de marzo de 2012

Bermellón


Me gusta encontrarme en nichos inciertos
Y llegar a donde reina el silencio
Libre del peso que me fue impuesto llevar
al ser aborrecida, aun lo más dulce de mi corazón
Porque en éste juego me he vuelto peligrosamente buena
Y tal vez me siento viva y me miran diferente
Ni sumisa ni perdida, mucho menos complaciente
Pues de mi voz y de la gravedad bien sé tomar ventaja
Que mi corazón no te guarda odio ni paciencia:
Nada ni nadie me domina; mucho menos tú.
Perlas y rubíes sepultados entre cenizas
Donde desesperados, hurgan tus dedos
Acostumbrada ya al silencio que anidó en mí
Perdida la gracia de besos y caricias
Si te ofende lo que soy te pido por favor mirar al otro lado
Sé que no sentirás por mí lo que yo quiero
Y tu opinión, aunque me importa, no me hará cambiar.